Viajar, tener una buena relación de pareja, progresar profesionalmente, hacer deporte, cuidar la alimentación, meditar, mantener una vida social activa, independizarse y, además, sentirse bien. Las redes sociales y el acceso constante a información han multiplicado los modelos de vida con los que podemos compararnos. El problema aparece cuando esos modelos dejan de inspirarnos y comienzan a convertirse en una lista interminable de obligaciones.
En consulta psicológica, esta presión ya tiene consecuencias visibles. Nuria Urbano, psicóloga y directora de Nuria Urbano Psicología, observa cómo la ansiedad, la comparación constante, las dudas sobre el futuro y la sensación de no estar haciendo “lo suficiente” aparecen en el relato de muchos pacientes.
Desde la pandemia, además, Urbano percibe una mayor apertura hacia la terapia y un aumento de las consultas relacionadas con sintomatología ansiosa. También destaca una mayor normalización de la psicología, especialmente entre personas jóvenes, aunque cada vez son más los adultos de diferentes edades que deciden pedir ayuda.
Pero ¿qué está ocurriendo para que tantas personas sientan que su vida debería ser diferente?
Redes sociales: cuando compararnos se convierte en parte del día a día
Las redes sociales permiten comunicarnos, informarnos y mantener el contacto con otras personas, pero también nos exponen constantemente a fragmentos seleccionados de vidas ajenas.
Vacaciones, cuerpos, relaciones aparentemente perfectas, planes con amigos, éxitos laborales… El resultado puede ser una comparación continua entre nuestra realidad completa y una pequeña parte de la realidad de los demás.
Nuria Urbano explica que esta situación aparece claramente en consulta. Algunos pacientes llegan incluso a plantearse por sí mismos dejar temporalmente determinadas redes o dejar de seguir perfiles que les generan malestar porque reconocen que se comparan constantemente.
Esta comparación puede intensificarse en determinados momentos del año. Durante el verano, por ejemplo, las fotografías de viajes, playas, cuerpos o grupos de amigos pueden hacer especialmente visible aquello que una persona siente que le falta.
Y la comparación no afecta únicamente a la imagen física. También puede aparecer alrededor de la pareja, las amistades, el dinero, los viajes o la sensación de estar aprovechando suficientemente la vida.
“Tengo que” hacer todo lo que parece saludable
La presión no procede únicamente de imágenes de lujo o grandes viajes. También puede esconderse detrás de contenidos aparentemente positivos.
“Tengo que meditar”, “tengo que hacer deporte”, “tengo que levantarme temprano”, “tengo que ser productivo” o “tengo que ser positivo” pueden acabar convirtiendo el bienestar en otra fuente de exigencia.
Urbano identifica precisamente esta presión en consulta: intentar cumplir simultáneamente con numerosos modelos de vida puede resultar imposible y, cuando la persona no lo consigue, aparecer la frustración.
Cuidarse no debería convertirse en una nueva obligación con la que medir constantemente nuestro valor personal.
Trabajo, vivienda e independencia: nuevas preocupaciones en terapia
Las expectativas sobre cómo deberíamos vivir no se limitan a internet. También están cambiando nuestra relación con el trabajo.
Según la experiencia de Nuria Urbano, especialmente entre personas jóvenes existe un mayor cuestionamiento de la idea tradicional de que lo prioritario debe ser conseguir un trabajo prestigioso y mantenerlo independientemente de cómo nos haga sentir. Cada vez encuentra más personas que buscan un empleo en el que puedan sentirse cómodas y felices.
El conflicto aparece cuando ese deseo choca con las responsabilidades económicas.
Algunos pacientes llegan a consulta buscando simplemente “estar tranquilos” y, durante el proceso, empiezan a identificar el peso que puede estar teniendo su situación laboral en su malestar. Urbano relata casos en los que los síntomas disminuyen durante las vacaciones o una baja laboral, pero la persona siente que no puede abandonar su empleo por sus responsabilidades familiares, los gastos, la incertidumbre o el miedo a cambiar.
El precio de la vivienda también entra en consulta
Entre los cambios sociales que Nuria Urbano considera más novedosos aparece un factor especialmente cotidiano: la dificultad para acceder a una vivienda.
En su práctica encuentra jóvenes que tienen dificultades para independizarse y parejas que, pese a plantearse una separación, sienten que económicamente no pueden mantener dos viviendas independientes debido al precio o la disponibilidad de los alquileres.
A esta realidad económica puede añadirse otra contradicción: querer independizarse y, al mismo tiempo, sentir que hacerlo supondría renunciar al estilo de vida que vemos constantemente representado a nuestro alrededor.
Viajar, salir, acudir a celebraciones y mantener una determinada vida social también cuesta dinero. Urbano observa que algunas personas podrían independizarse, pero hacerlo significaría renunciar a parte de ese estilo de vida. No lo plantea como una elección correcta o incorrecta, sino como un cambio social que introduce nuevas decisiones y nuevos conflictos personales.
¿Sabemos realmente lo que queremos?
Cuantas más posibilidades tenemos delante, más sencillo parece que debería ser elegir. Sin embargo, puede ocurrir justamente lo contrario.
Nuria Urbano detecta entre algunos jóvenes una importante sensación de desorientación después de terminar sus estudios: han acabado una carrera, tienen múltiples caminos posibles, reciben continuamente información sobre cómo deberían construir su futuro y, aun así, no saben qué quieren.
La sobreinformación puede alimentar las dudas hasta hacer difícil distinguir los deseos propios de las expectativas externas. Por ello, Urbano señala la importancia que adquiere en terapia el trabajo de autoconocimiento: descubrir qué quiere realmente la propia persona.
Cuando vivimos pendientes de lo que hacen los demás, puede resultar cada vez más difícil escuchar qué queremos nosotros.
Relaciones de pareja: entre “debo saber estar solo” y “necesito encontrar a alguien”
Las relaciones tampoco escapan a los mensajes contradictorios.
Por un lado, existe la presión tradicional por encontrar pareja. Por otro, se ha popularizado el mensaje de que debemos ser completamente independientes y saber estar solos.
¿Y qué ocurre cuando una persona realmente desea compartir su vida con alguien?
Nuria Urbano explica que recibe pacientes, tanto hombres como mujeres, a quienes no tener pareja les genera un malestar real. En algunos casos sienten incluso que deberían aparentar que estar solos no les importa, aunque interiormente deseen una relación.
Para la psicóloga, la cuestión no consiste en afirmar que estar solo o tener pareja sea mejor. Lo importante es analizar si la elección coincide con los propios valores y deseos. Cuando una persona intenta vivir de acuerdo con aquello que cree que “debería” querer, pese a sentir algo diferente, puede aparecer una contradicción interna que genere malestar.
En el extremo contrario, el deseo de tener pareja también puede hacer que alguien permanezca en una relación que le hace daño únicamente por miedo a estar solo. En terapia, por tanto, no existe una respuesta universal: hay que comprender qué necesita y qué quiere cada persona.
Autodiagnósticos, redes sociales e inteligencia artificial
La enorme cantidad de contenido psicológico disponible ha tenido un efecto positivo: conceptos como ansiedad, autoestima o terapia forman parte de conversaciones que hace unos años resultaban menos habituales.
Comprender lo que nos sucede puede incluso generar cierta tranquilidad. Sin embargo, Nuria Urbano advierte de una segunda cara: convertir automáticamente un malestar cotidiano en una patología o identificarse con una etiqueta después de consumir contenidos muy breves.
En consulta encuentra personas que llegan diciendo, por ejemplo, que tienen “apego ansioso”. Pero detrás de una sensación de inseguridad pueden existir circunstancias y experiencias personales que necesitan ser exploradas antes de llegar a conclusiones. Para Urbano, un vídeo de pocos minutos no puede recoger la historia y el contexto individual que requiere una valoración psicológica.
Algo similar ocurre con herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT.
Urbano considera que pueden resultar útiles en determinados momentos de duda o angustia, especialmente para personas que necesitan expresarse y no disponen de una red de apoyo. Sin embargo, señala una limitación fundamental: la herramienta recibe la versión y la información que introduce el usuario, pero no dispone necesariamente del contexto completo de una situación.
También ha observado pacientes que utilizan inteligencia artificial para completar tareas de introspección propuestas durante la terapia. El problema, en esos casos, no es la herramienta en sí, sino sustituir por ella el proceso personal que precisamente pretendía trabajar el ejercicio.
La terapia tampoco funciona con la lógica de la inmediatez
Queremos respuestas rápidas, soluciones rápidas y resultados rápidos. Esa expectativa también puede trasladarse a la salud mental.
Nuria Urbano encuentra pacientes que esperan conseguir cambios profundos en una única sesión o realizando sesiones muy espaciadas. Una primera consulta puede aportar información valiosa, pero eso no significa que permita realizar todo el trabajo necesario.
La psicóloga utiliza una comparación muy gráfica: reducir un síntoma sin comprender su origen sería similar a bajar una fiebre sin investigar qué la está provocando. La terapia no consiste únicamente en hacer desaparecer aquello que molesta, sino en comprender qué está ocurriendo y desarrollar herramientas para gestionarlo.
¿Cuándo puede ser el momento de acudir a terapia?
No hace falta esperar necesariamente a tener una respuesta exacta sobre qué nos ocurre.
Nuria Urbano propone comenzar planteándose algunas preguntas: ¿me siento bien en mi día a día la mayor parte del tiempo?, ¿tengo herramientas para gestionar aquello que me ocurre?, ¿hay algo en mi vida que siento que necesito cambiar?
También recuerda que el proceso requiere implicación y que encontrar al profesional adecuado es importante. El vínculo y sentirse cómodo con la forma de trabajar del psicólogo forman parte del proceso.
Hablar con amigos, leer un libro o consultar información puede acompañarnos y resultar útil, pero no desempeña la misma función que un profesional. Como explica Urbano, el papel del psicólogo no consiste simplemente en ofrecer opiniones o consejos, sino en acompañar, proporcionar herramientas y comprender el funcionamiento particular de cada persona.
Aprender a vivir nuestra vida, no la que creemos que deberíamos tener
La sociedad actual nos ofrece más información, posibilidades y modelos de vida que nunca. Eso puede ayudarnos a descubrir nuevas formas de vivir, pero también puede hacernos sentir permanentemente insuficientes.
Las reflexiones que Nuria Urbano recoge de su experiencia clínica apuntan a una cuestión fundamental: no existe una única forma correcta de trabajar, relacionarse, disfrutar del tiempo libre, estar en pareja o construir un proyecto de vida.
Cuando la comparación, la ansiedad, las dudas o las expectativas externas empiezan a condicionar nuestro bienestar cotidiano, detenernos a comprender qué necesitamos puede convertirse en un primer paso importante.
Si te identificas con algunas de estas situaciones y estás valorando iniciar un proceso psicológico, consulta el perfil de Nuria Urbano en DoctorPlus y conoce su experiencia profesional y su forma de acompañar a sus pacientes.
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