La melancolía ha sido con frecuencia, y a lo largo de la historia, vehículo de inspiración para los artistas. Es lo que se denominaba «humor saturniano», vinculado con la creación y relacionado con el pesar que sentían los artistas al no tener suficientes vidas para completar todo lo que tenían en la cabeza.
La melancolía ha estado, por supuesto, fuertemente romantizada durante muchos periodos. Ha sido contemplada como un estado de ánimo altamente introspectivo que fomenta la creatividad y el ingenio. Pero, romanticismos aparte, la melancolía puede ser mucho más que una tristeza pasajera, ya que puede llegar a transformarse en indicio de estados mucho más complejos, como el trastorno depresivo.
A continuación, vamos a contarte qué efectos psicológicos tiene la melancolía, con el objetivo de identificarla y abordarla de forma adecuada.
¿En qué consiste la melancolía?
La melancolía se ha interpretado de diversas formas a lo largo de la historia. Por ejemplo, en la Grecia antigua se creía que este estado se debía a un desequilibrio humoral del cuerpo; en concreto, relacionado con la «bilis negra» o «lúgubre». Esta idea permaneció y continuó en la medicina medieval y parte de la moderna, aunque, a menudo, también se consideraba un «mal espiritual» que aparecía cuando la persona tenía rotas sus conexiones con la divinidad.
En la psicología moderna, describimos la melancolía como una tristeza y una desesperanza profundas. Se diferencia de la tristeza común por su duración prolongada y su persistencia. Es importante, sin embargo, distinguir entre melancolía y depresión, aunque algunos profesionales consideran a la primera un síntoma de la segunda. En otros casos, se considera a la melancolía como una parte de diversos trastornos, no solo del trastorno depresivo.
¿Qué nos dice el «Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales»? En él, la melancolía está incluida como especificador de trastornos de tipo depresivo, por lo que no constituye una entidad psicopatológica autónoma e independiente, sino que es un rasgo de algunos de los trastornos (o episodios) depresivos.
En resumen: desde una visión psicológica, la melancolía va más allá de una tristeza persistente. En realidad, es uno de los componentes de algunos trastornos de índole depresiva que, como tal, requiere atención concreta y específica.
¿Qué causa la melancolía?
La melancolía es algo complejo y de origen multifactorial. Aparece a través de la interacción de varios factores de tipo biológico, psicológico y ambiental, que exploramos a continuación.
1. Causas de tipo biológico
La melancolía presenta algunas características distintivas en nuestro cerebro. Por ejemplo, en las personas que muestran signos melancólicos se ha descubierto una desconexión entre la ínsula y las redes atencionales; ello está relacionado con la disminución de la capacidad para experimentar emociones de índole positiva y, además, con una mayor tendencia a fijarse en lo negativo.
Por otro lado, se ha observado una actividad considerable en el eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA), que se manifiesta con altos niveles de cortisol y, por tanto, una mayor sensibilidad al estrés y a la ansiedad.
2. Causas de tipo psicológico
Entre las causas de tipo psicológico, destacan las siguientes:
- Autoestima baja, es decir, autopercibirse de forma negativa.
- Excesiva autocrítica o tendencia a juzgarse a uno mismo de forma severa.
- Alto nivel de pesimismo, que implica una expectativa negativa del futuro y una tendencia a ver los acontecimientos de forma negativa.
- Abundancia de pensamientos negativos, muy estrechamente ligada a lo anterior: rumiaciones sobre hechos del pasado, así como ansiedad y preocupación acerca de lo que ha de venir.
- Estrategias de afrontamiento poco adaptativas, como una dificultad extrema para manejar el estrés, las emociones y los pensamientos negativos.
- Distorsión de la realidad, que implica una percepción negativa de uno mismo y del entorno, además de poco realista.
Los factores emocionales y cognitivos antes descritos pueden contribuir a que la melancolía se perpetúe y crezca.
3. Causas de tipo ambiental
No solo existen causas de tipo biológico y psicológico para la melancolía; otras tienen origen ambiental, como el entorno social y las diversas experiencias vitales. Algunos hechos estresantes, como las pérdidas importantes, los conflictos interpersonales o un entorno con dificultades económicas, pueden aumentar la probabilidad de caer en la melancolía. Por otro lado, la falta de apoyo, así como un entorno poco o nada estimulante, pueden exacerbarla aún más.
Por supuesto, la combinación de todos estos elementos de tipo biológico, psicológico y ambiental puede variar de un individuo a otro, por lo que el tratamiento del estado melancólico debe estar absolutamente personalizado. Solo si comprendemos qué causas subyacen en él será posible encontrar estrategias efectivas de resolución.
¿Qué efectos psicológicos tiene la melancolía?
La melancolía es una emoción altamente «enganchosa», puesto que posee una enorme capacidad de impregnar nuestras emociones y pensamientos y, además, de forma duradera e intensa. A continuación, analizamos algunos de estos efectos psicológicos con más detalle.
1. Tristeza intensa y persistente
Se trata de uno de los efectos psicológicos más claros y evidentes. La persona afectada siente como si una nube oscura hubiera cubierto sus emociones y sus pensamientos; una nube que apenas deja pasar la luz. No se trata de una tristeza puntual o pasajera, sino que constituye una especie de «compañera» insistente en la vida cotidiana.
2. Pérdida de interés vital
Si caemos en la melancolía, podemos perder también el interés por cosas y actividades que antes nos agradaban y nos motivaban: quedar con amigos, llevar a cabo nuestros hobbies o autocuidarnos. Dentro de la nube de la melancolía, todo ello puede resultarnos mucho menos interesante y significativo.
3. Problemas de concentración
La melancolía afecta también a nuestra capacidad de concentración. Al estar nublada, nuestra mente no puede enfocarse en lo que hacemos, lo que, por supuesto, puede traernos problemas en el ámbito laboral, académico, personal y social.
4. Recurrencia de pensamientos negativos
Los pensamientos negativos insistentes son compañeros habituales de la melancolía. Ya sea la rumiación acerca de lo que ya ha sucedido (y no podemos cambiar), la anticipación de escenarios futuros negativos o una autocrítica feroz, todos estos pensamientos pueden producir una sensación de falta de valor que disminuye nuestra autoestima y nuestra esperanza en la vida.
5. Aislamiento
El deseo de aislamiento y soledad es habitual en quienes sufren melancolía. Es precisamente por este motivo por lo que, en algunas épocas históricas, se consideró este estado emocional como óptimo para artistas e intelectuales.
En efecto, para las personas melancólicas la interacción social puede convertirse en algo abrumador, lo que aumenta su deseo de aislamiento que, a su vez, empeora los síntomas, puesto que dificulta la búsqueda de ayuda.
6. Pérdida de energía
Otro síntoma habitual de la melancolía es la pérdida de energía. Las personas melancólicas tienden a sentirse agotadas y no suelen tener ganas ni ánimos de hacer nada. Todo ello puede tener repercusiones negativas en la vida cotidiana, ya que las tareas simples son percibidas como abrumadoras.
7. Cambios de conducta
Finalmente, otra de las manifestaciones de la melancolía son los cambios en la conducta. Uno de los más claros es la alteración de los patrones de sueño, ya sea por hipersomnia (exceso de sueño) o insomnio (problemas para conciliar el sueño). El apetito también puede verse afectado, tanto por exceso como por defecto.
Es importante tener presente que, a pesar de que estos son algunos efectos posibles de la melancolía, pueden variar de un individuo a otro, tanto en intensidad y duración como en características. Lo esencial es que, si crees que estás experimentando un episodio de melancolía, busques a un profesional de la salud mental para que te oriente y te ayude.
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